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27/3/13

A tener en cuenta para el análisis (Segunda parte)

Aquí estamos de nuevo. Espero que hayas cargado las pilas y que mi Primera parte no te haya resultado excesivamente pesada. Tomaré de nuevo como base (una vez más, no como copia) a Antonio Martín Infante y Javier Gómez Felipe. Te recuerdo que esto no es un manual profesional de narratología (ni mucho menos) y que lo único que intento es que te sea medianamente asequible y lo menos desesperante posible.

¿Listo? Allá vamos.


Saltándome algún que otro apartado, comenzaremos esta segunda parte con una clasificación del tiempo. Como ya sabes, querido lector, el tiempo expresa el orden con el que se cuentan las diferentes acciones de la historia.

Tenemos así un tiempo externo (época en la que se desarrolla la historia) y un tiempo interno, que, como bien sabes, puede ser lento o rápido. Como todos sabemos la diferencia entre las dos acepciones, no me detendré en ellas, aunque sí vamos a resaltar el concepto de anacronía y, sobre todo, aquellos elementos que la hacen posible.

Si la línea argumental de la obra no es eso, una línea, nos encontramos con lo que conocemos como anacronía. De forma muy básica, diremos que la anacronía es posible gracias a dos factores principalmente:

1. Analepsis.
    O retrospección. O flash-back. ¿A que lo último te suena más? Pues bien, básicamente es la introducción de ciertos acontecimientos que han sucedido en un momento anterior y que, según la línea argumental natural, debían haber sido comentados antes.

2. Prolepsis.
    Anticipación o flash-foward para los amigos. Los acontecimientos que se cuentan, según una línea temporal natural, deberían venir más adelante.

En cuanto a los estilos de escritura y diálogos (para mí una parte interesante, pero que entiendo que puede ser algo pesada), intentaré resumir rápidamente en qué consiste cada uno de manera general:

1. Estilo directo.
    Es el más usado. Es el que se usa normalmente; el que viene con sus guiones y sus dos puntos, y todo normal.

2. Estilo indirecto.
     El autor resume lo que quiere decir el personaje o lo que piensa sin abrir el diálogo con una puntuación concreta (al contrario que el caso anterior). Es mejor poner un ejemplo aquí: "el mismo Álvaro confesaba que era difícil encontrar semejante rincón seguro en un pueblo tan atrasado como Vetusta" (La Regenta, Clarín).

3. Estilo directo libre.
    Ya empezamos con un terreno más irregular. En este estilo, el narrador nos cuenta los pensamientos y/o sentimientos del personaje como si estuviera dentro de él. Normalmente, se muestra con preguntas retóricas que ayudan a asentar las ideas del personaje. ("¿No había nacido allí mismo en Ohio? ¿No era un buen ciudadano? Entonces ¿por qué no podía ir a Marte?" Crónicas Marcianas, Ray Bradbury).

4. Estilo indirecto libre.
    Para mí, sinceramente, el peor. Es muy lioso; no existe puntuación, los diálogos no se diferencian bien y en ocasiones hay que releer varias veces un mismo fragmento para entenderlo. Aún así, ha sido utilizado por grandes autores a los que admiro y respeto. Todo esto, te recuerdo, querido lector, es sólo una humilde opinión. ("Cruza la plaza y ahí está Norwin, hola hermano, en una mesa del bar Zela, siéntate Zavalita", Conversaciones en la Catedral, Mario Vargas Llosa).


Ya para terminar de torturarte, te comentaré de manera rápida y lo más sencillo que pueda cómo clasifico los comienzos, y qué características generales tiene cada uno.

1. Ab ovo.
    Todo bien. Todo normal. La historia empieza por el principio y termina por el final.

2. In media res.
    La historia comienza por un punto intermedio de la misma, y avanza a partir de ahí hasta el final. Suele tener una estructura circular, con lo cual empezamos a mitad, volvemos al principio y terminamos finalmente la historia. Si habéis leído La Ilíada sabéis de lo que hablo.

3. In extrema res.
    Empezamos por el final. La acción ya ha pasado en su totalidad, pero volvemos al principio de la historia para poder contarla como es debido. Obras como Flores en el ático, Memorias póstumas de Blas Cubas o la película American Beauty son ejemplo de ello.



Y sí, hemos terminado. Si todo esto te ha llamado la atención (cosa que espero de corazón), no dudes en ponerte en contacto conmigo; podemos charlar y discutir lo que quieras, o bien puedo recomendarte manuales decentes de narratología que te dirán todo esto con mayor detalle y más profesionalidad que la mía.

Mil gracias otra vez por leerme y aguantarme. Te mereces lo mejor.

Un abrazo enorme;

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